Grecia fue cuna de la medicina occidental. Asclepio e Hipócrates no solo acuñaron salud, sino…
Diálogo imposible: Esculapio y Razetti
RAZETTI: Dime dios de la medicina… ¿por qué dejas tu Templo de Epidauro y llegas hasta este rincón venezolano en el que ejercí como humilde médico?
ESCULAPIO: Porque quiero dialogar… no con Platón, sino contigo Luis, pues fuiste, junto a Santos Dominici, Maestro de la ‘Generación Renovadora’ en el hospital Vargas.
RAZETTI: Maestro de la medicina eres tú Asclepio, elevado al Olimpo por los griegos y adorado en Roma con el nombre de Esculapio.
ESCULAPIO: Conversé hace poco con Vargas, pionero de la medicina venezolana y me sugirió que lo hiciera contigo, ya que ensanchaste su legado del ‘ethos y ars medica’ a través de tu magistral docencia y obras como ‘Moral médica’.
RAZETTI: Procuré enseñar a pensar en el sufrimiento y bienestar de todo ser humano. En mi pequeño libro enfaticé la dignidad y calidad de vida de los pacientes, así como la ética de mis alumnos y colegas.
ESCULAPIO: No es libro modesto tu ‘Moral médica’; contiene principios incorporados al actual Código de Ejercicio de la Medicina, los cuales son considerados un Juramento Médico a la par del hipocrático o el de Maimónides.
RAZETTI: ¿Lo leíste, Maestro?
ESCULAPIO: Todos y cada uno de tus párrafos: …Desempeñaré mi profesión con dignidad, velando por el respeto a la vida de mis semejantes y aun bajo amenaza no emplearé mis conocimientos para contravenir las leyes de la humanidad.
RAZETTI: En ellos creo.
ESCULAPIO: Yo también. Como hijo que soy de la dulce Coronis y de Apolo. Y discípulo del centauro Quirón de quien aprendí farmacopea con hierbas del Monte Citerón las cuales recogí apoyado en mi Caduceo.
RAZETTI: Conozco tu origen Padre de la Medicina. Prosigue con lo que llamas mi Juramento.
ESCULAPIO: Profesaré a mis maestros el respeto al que se hayan hecho merecedores e intentaré mantenerme informado de los avances del conocimiento. No permitiré que la satisfacción derivada de mi capacidad para tratar enfermedades me haga olvidar los principios de nuestra profesión y la consideración prioritaria del paciente. Por favor, Luis, continúa tú.
RAZETTI: No intentaré nuevos tratamientos si los riesgos exceden los posibles beneficios, cumpliendo las pautas internacionales para la investigación biomédica en seres humanos.
ESCULAPIO: No permitiré que motivos de lucro interfieran el ejercicio de mi juicio profesional y preservaré en secreto las confidencias que me hagan durante actuación, aun después de la muerte del enfermo.
RAZETTI: Mi reverencia por la vida al atender enfermos terminales no tropezará con mi obligación de aliviar el sufrimiento humano. Mantendré el honor de la tradición médica y no haré distinción por nacionalidad, religión, raza, partido político ni posición social.
ESCULAPIO: No estableceré diferencias en la atención al enfermo, se trata de servicios contratados o de índole gratuita.
RAZETTI: Daré cumplimiento a los principios éticos de nuestra profesión, procurando para los demás todo aquello que desearía para mí o mis seres queridos. En fin, Asclepio, son propuestas elementales… ¿no crees?
ESCULAPIO: La mejor prueba de que así lo creo es que te obsequio mi Caduceo. Ahora debo retornar a Epidauro.
RAZETTI: Se trata siempre de tener un horizonte. El mío fue preservar y ampliar el legado de Vargas.
ESCULAPIO: Lo hiciste. Yo prosigo hurgando más allá del tiempo. En nuestra profesión los principios son inmanentes e inseparables de la esencia de la medicina.
José Antonio Sáenz. Médico psiquiatra y escritor. Obra de ficción: ‘Diálogos mágicos sobre salud y bienestar en el Monte Olimpo’, 2024-2025.
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