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¿Caduceo de Hermes o sierpe resurrecta de Esculapio?

Soplan vientos desde el Olimpo. Un dios mensajero llamado Hermes vuela con su caduceo alado envuelto por dos serpientes. Esculapio deja Roma apoyado en su báculo… (él es también Asclepio -dios de la medicina- quien aguarda en el templo de Epidauro apoyado en su vara con una sierpe resurrecta).

ASCLEPIO: (Molesto). -Hola Hermes… creo que daré mejor bienvenida a Hipócrates dentro de unos siglos, que a ti. Tú luces cual mensajero de malas noticias, apoyado en caduceo adornado por dos serpientes y alas. Mala imitación de mi báculo de madera con una sola sierpe vencedora de la muerte. Esa dualidad de varas confundirá a médicos y pacientes del siglo XXI.

HERMES: (Sonríe divertido).  -La idea fue de Zeus, (es decir: Júpiter cuando me llamó Mercurio en Roma). Pero tienes razón… en farmacias y hospitales los mortales del futuro no sabrán distinguir este caduceo alado con dos serpientes, de tu humilde vara con un reptil.

ESCULAPIO: (Parece confundido). -Llego fatigado pues no puedo volar como tú Hermes, dios de viajeros y no de médicos. En Roma hay dudas… que no se daban en Grecia cuando yo me llamaba Asclepio… y tus sandalias no portaban alas… y solo existía un báculo y una serpiente.

ASCLEPIO: (Alza orgulloso su vara). -No es cualquier serpiente: ¡esta ha resucitado!

HERMES: (Algo preocupado). – ¿Te limitas a curar mortales? ¿O los resucitas?  Zeus está próximo a fulminarte con su rayo por alterar el Destino. Además, tu vara no tenía serpiente cuando subiste al Olimpo convertido en un dios médico.

ASCLEPIO: -El primer mortal al que resucité fue Hipolito. No pude salvarlo y mientras pensaba cómo decírselo a su padre, una serpiente se acercó. Asustado la maté con mi bastón. Entró una segunda serpiente con hierbas en su boca, las cuales colocó sobre su compañera muerta. Y ella resucitó.

ARTEMISA: (Desciende de su alada cierva). -Calla, Hermes. Yo, la diosa de los bosques le pedí a Asclepio que buscara esas hierbas y resucitara a Hipólito.

ATENEA: (Se une con su búho al hombro). -Y yo, diosa de la sabiduría le entregué las plantas mágicas nacidas de la sangre de Gorgona degollada por Teseo.

HERMES: – ¿Así son las cosas, queridas cómplices de sanación y resurrección de mortales y de sierpes?

ESCULAPIO: -Ambas diosas dicen la verdad y fueron solidarias conmigo, aunque en Roma ya pocos me atribuyan leyendas de cuando era griego.

HERMES: -Zeus está de furia tonante.  Vigiló las fronteras del Hades y vio disminuir el fujo de sombras de mortales que ya no mueren. Si eres tú Asclepio, el médico resucitador y trajiste de regreso nada menos que a Hipolito… ¡entonces has cruzado la línea entre la medicina y la resurrección!

ASCLEPIO: (Baja la mirada al imaginar el rayo) – ¿Existe tal línea, Hermes? De ser así, entonces preferiré el castigo por mi amor a la humanidad.

HERMES: – ¿Comprendes por qué mi caduceo luce dos serpientes y alas al pie? Admite que tiene mejor diseño que tu escueta vara. Mi caduceo preanuncia la rapidez con la que viajará la comunicación humana en el futuro. Y yo no ofendo a Zeus: comunico su voluntad y sus leyes.

ESCULAPIO: -No estoy seguro del beneficio de esa celeridad para los mortales. Impide distinguir. Y un síntoma clave pasar por alto… errar diagnósticos. La premura puede aferrarnos a simple curación de la enfermedad… en lugar de escuchar con los ojos a los enfermos y comprender su angustia ante la muerte.

HERMES: -Los seres humanos son mortales porque es su destino. Morir es el perfume de su pequeña gloria. Si le otorgas la eterna primavera borrarás el valor de su historia y memoria.

ESCULAPIO: (Mira su bastón y el de Asclepio). -Solo aspiro a perfeccionar mi ars medica…  ¿Acaso es un crimen aliviar algo más que el dolor? Si un cuerpo puede ser restaurado… ¿por qué dejar que se hunda en la oscuridad del Hades?  Las serpientes de tu caduceo, Hermes, no son como la que resucitó y trepó a mi vara para ayudar a los mortales a cambiar de piel y sanar… como ella…  que es veneno y medicamento ¡según sea la dosis! Lo refrendará Paracelso en el porvenir.

ASCLEPIO: -Este bastón con una sierpe es el Origen de la Medicina. No lo es tu caduceo Hermes. Eres un dios alado pero menor, mensajero de palabras que pretenden comunicar pero que no conectan.

HERMES: -Reconozco tu arte Asclepio, pero recuerda que médicos y mortales llaman compasión, a lo que Zeus llama hybris: orgullo desmedido y bestial. El orden del cosmos se apoya en que los seres humanos mueran y los dioses seamos inmortales.

ESCULAPIO: – ¿Qué significa la muerte? Oigamos a Cronos… él fue Tiempo de Encuentro entre mortales y dioses… y la montaña, el árbol, la nube, el torrente y sus ondinas… todos existíamos bajo el sol… ¿Quién podía morir en aquel tiempo? ¿Qué es lo bestial? Quizá la bestia está en nosotros los dioses… y no en los mortales.

ASCLEPIO: -Yo soy el primer Mortal-Dios de la medicina…  y encarno el vuelo al cosmos: Per ardua ad-Astra… por la adversidad hacia las estrellas.

(Los tres dioses alzan sus varas. Todas serpientes guiñan ojos cómplices y reptan hacia las nieblas del tiempo infinito).

 

José Antonio Sáenz Astort. Médico psiquiatra. Escritor. Obra: Diálogos mágicos en el Olimpo, 2000-2004. Adaptados por el autor en 2026.

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